Martes, 28 Julio 2009

Nuestro sistema inmunitario y las vacunas

Nuestro sistema inmunitario es una máquina casi perfecta, es capaz de reconocer entre millones de sustanicas las que son nocivas para nuestro cuerpo y neutralizarlas. Para ello tiene un complejo mecanismo que se encarga de diferenciar las moléculas que no son peligrosas de las que no lo son. Una vez reconocida una sustancia como patógena, o sea, que produzca enfermedad, se encarga de activar la defensa frente al mismo. No solo es capaz de actuar sobre el gérmen sino que además posee una memoria que le permite actuar de forma más eficaz las siguientes veces que aparece al mismo. Es por esa razón por la que hay enfermedades que las pasamos una sola vez en la vida. Luego ya estamos inmunizados.
Gracias a este sistema se descubrió hace años que era posible estimular el sistema inmunitario para que se activara de manera indirecta y pudiera actuar de forma más efectiva frente a determinados patógenos. En el año 1796 Edward Jenner inyectó a su hijo gérmenes similares a la viruela humana procedentes de las vacas, no tan agresivos. De esta manera conseguió que se creara una inmunidad frente a la forma más grave de viruela. Aunque existe documentación más antigua sobre métodos similares, se considera que éste fue el descubridor de las vacunas.
Existen multitud de vacunas frente a diferentes gérmenes. Estas se pueden clasificar en 2 grandes grupos. Por un lado las vacunas con gérmenes debilitados, pero vivos y por otro lado las que se producen con gérmenes muertos o partes de los mismos.
Ambas tienen sus ventajas e inconvenientes. Por un lado las de gérmenes vivos suelen ser más inmunógenas, o sea, activan con más facilidad el sistema inmunitario, pero por el contrario tienen riesgo de provocar la enfermedad sobretodo en personas que están inmunodeprimidas o con defensas bajas.
Por el otro lado, las que se producen con gérmenes muertos suelen ser menos inmunógenas, pero no tienen riesgo de producir alguna enfermedad, ya que lo que se inocula es totalmente inviable.
Actualmente se suele utilizar ingeniería genética para que determinadas bacterias produzcan el fragmento del gérmen que es capaz de estimular el sistema inmunitario. Esta parte se aisla y será la que se inocula. En ocasiones es difícil dar con la sustancia inmunógena para poder aislarla.
Así las vacunas más modernas se basan en este sistema. Es el caso de la vacuna de la gripe o la vacuna del papiloma humano. Lo que se inyecta son fragmentos totalmente inócuos que son capaces de estimular la producción de anticuerpos que luego serán capaces de actuar frente a una supuesta infección por el gérmen.
En el caso de la vacuna de la gripe, el virus va mutando contínuamente, por lo que es necesario producir una vacuna anualmente que se adapte a la forma mutada de cada año. En la vacuna del papiloma humano o el de la varicela no es el caso. Estos virus son más estable y no mutan tanto, por lo que no es necesario ir vacunando continuamente. Generalmente con 2 o 3 inyecciones tenemos suficiente para estar inmunizado frente a los mismos toda la vida.

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